Hay una frase que escucho casi a diario en la consulta, dicha con resignación:
—Doctor, entonces no me queda otra que operarme, ¿verdad?
Y casi siempre mi respuesta empieza igual: depende, y probablemente todavía tengamos margen para intentar otras cosas antes.
Operar es, muchas veces, la última página de una historia que aún tiene capítulos por escribir.
Este artículo trata precisamente de esos capítulos: la ventana que se abre antes del quirófano, cuando combinamos terapias regenerativas y ejercicio para recuperar función, calmar el dolor y volver a hacer vida.
¿Tengo que operarme sí o sí?
En la mayoría de los casos, no de forma inmediata. Salvo situaciones concretas (una rodilla bloqueada, una artrosis muy avanzada e incapacitante o una lesión inestable), casi siempre existe una fase previa en la que merece la pena agotar las opciones no quirúrgicas.
No lo digo yo por intuición: lo dicen las guías internacionales.
Las recomendaciones de la Osteoarthritis Research Society International (OARSI) de 2019 sitúan como tratamiento nuclear de la artrosis de rodilla la educación del paciente, el control del peso y, sobre todo, el ejercicio estructurado —de fuerza, de equilibrio o neuromuscular—, por delante de fármacos y de la cirugía¹.
El error frecuente es pensar en la rodilla como una pieza gastada que solo cabe cambiar.
Prefiero pensar en ella como un sistema que, si le damos los estímulos adecuados, todavía puede adaptarse y protegerse.
La cirugía seguirá ahí si hace falta; pero rara vez hay prisa por llegar a ella sin haber probado antes lo que la evidencia respalda.
¿Y si mi dolor «es del menisco»? ¿No hay que operar?
Que una resonancia muestre una rotura de menisco no significa que esa rotura sea la causa de tu dolor, ni que operarla vaya a resolverlo.
Este es uno de los puntos donde la ciencia ha cambiado de forma más rotunda.
En 2013, el ensayo finlandés FIDELITY, publicado en el New England Journal of Medicine, comparó la meniscectomía parcial artroscópica (recortar el menisco roto) con una cirugía simulada (una intervención «de mentira», en la que el paciente entraba a quirófano, pero no se le tocaba el menisco) en 146 personas de 35 a 65 años con rotura degenerativa de menisco y sin artrosis².
A los doce meses, los resultados fueron equivalentes en ambos grupos: operar no fue mejor que no operar.
Esto no significa que ninguna rodilla deba operarse nunca.
Significa que una rotura degenerativa que aparece en la resonancia, sin bloqueo mecánico, muchas veces es un hallazgo más de la edad, como las canas, y que precipitarse al quirófano puede exponerte a los riesgos de una operación sin el beneficio esperado.
Es justamente en estos casos donde tiene sentido detenerse y preguntarse: ¿qué podemos hacer antes?
¿Qué son las terapias regenerativas y qué pueden hacer realmente por mí?
Las terapias regenerativas (la más estudiada es el plasma rico en plaquetas o PRP) buscan aprovechar los factores de crecimiento del propio cuerpo para reducir la inflamación y el dolor articular. Son una opción prometedora para la artrosis leve a moderada, pero conviene entender qué pueden y qué no pueden hacer.
El PRP se obtiene de tu propia sangre: se centrifuga para concentrar las plaquetas y se infiltra en la articulación, idealmente con guía ecográfica para colocarlo con precisión.
¿Funciona?
La evidencia es alentadora, pero hay que leerla con honestidad.
Un metaanálisis de 26 ensayos aleatorizados encontró que el PRP mejoró el dolor y la función más que el ácido hialurónico a los 6 y 12 meses³.
Ahora bien, un análisis más reciente de casi 2.000 pacientes reveló algo importante: esa ventaja es estadísticamente frágil.
El llamado índice de fragilidad fue de apenas unos 5 pacientes de media⁴; es decir, bastaría con que un puñado de personas hubiera evolucionado distinto para que la diferencia dejara de ser significativa.
Además, hay una enorme variabilidad en cómo se prepara el PRP de una clínica a otra, y buena parte de la investigación se mueve en un terreno con intereses comerciales. Por eso las guías OARSI todavía no lo recomiendan de forma rotunda¹.
¿Mi lectura honesta?
El PRP puede ayudar a bajar el dolor y ganar margen de movilidad en artrosis no avanzada, pero no «regenera cartílago» ni sustituye a la cirugía cuando esta es necesaria.
Es una herramienta para ganar tiempo y calidad de vida, no un milagro, y funciona mucho mejor si va acompañada de lo que viene a continuación.

¿De verdad el ejercicio puede devolverme la fuerza a mi edad?
Sí, y con un margen mayor del que la mayoría imagina. La capacidad del músculo para responder al entrenamiento no desaparece con los años.
Un metaanálisis publicado en Sports Medicine reunió 25 ensayos aleatorizados con 819 adultos mayores (edad media de 70 años) y encontró que el entrenamiento de fuerza produjo una mejora grande en la fuerza muscular, con ganancias de entre el 13 % y el 90 % según el estudio⁵.
Un dato que sostiene, con números, la idea de que se puede recuperar función a cualquier edad.
Ahora, honestidad estadística por delante: ese mismo trabajo mostró que el efecto sobre el tamaño del músculo fue pequeño⁵. Traducido: Entrenando, ganamos sobre todo fuerza y control neuromuscular, más que volumen.
La buena noticia es que no hace falta un protocolo perfecto.
La actualización de 2026 del American College of Sports Medicine (ACSM) —una revisión de 137 revisiones sistemáticas con más de 30.000 participantes— concluye que lo decisivo es pasar de no entrenar a entrenar⁶.
Bastan dos sesiones semanales trabajando los grandes grupos musculares, con esfuerzo real y recorrido completo.
El formato importa menos: máquinas, bandas elásticas o tu propio peso corporal producen mejoras equivalentes⁶. El mejor ejercicio es, sencillamente, el que puedes mantener.
¿Por qué insiste tanto en combinar regenerativo y ejercicio?
Porque cada uno hace lo que el otro no puede. La infiltración regenerativa puede abrir una ventana de menos dolor; el ejercicio es lo que aprovecha esa ventana para reconstruir estabilidad y función duraderas.
Infiltrar sin entrenar es como cambiarle el aceite a un coche con las ruedas desalineadas: alivia un tiempo, pero el desgaste continúa.
Entrenar sin haber calmado antes una articulación muy dolorosa, en cambio, a veces resulta imposible de sostener.
En el método A.R.E.S. con el que trabajo, el ejercicio no es un «complemento» que receto al final de la consulta, sino un pilar del tratamiento, al mismo nivel que cualquier infiltración.
Y no lo planteo solo como una cuestión técnica de series y repeticiones, sino como una estrategia para proteger la articulación desde dentro: unos músculos fuertes y bien coordinados absorben carga, estabilizan la rodilla y frenan el círculo vicioso de dolor–inactividad–más dolor.
La terapia regenerativa acompaña; el ejercicio consolida.
¿Y si sé todo esto, pero no consigo mantener el ejercicio?
Entonces estamos ante el verdadero cuello de botella, y casi nunca es un problema de fuerza de voluntad: es un problema de entorno.
Puedes tener la mejor pauta de ejercicio del mundo, pero si no la sostienes en el tiempo, no sirve de nada.
En un artículo anterior del blog expliqué por qué entrenar acompañado funciona mejor, y la idea de fondo encaja de lleno aquí.
El ensayo clínico MOVE IT, de la Universidad de Pensilvania y publicado en JAMA Network Open en 2021, siguió a 232 personas recién dadas de alta hospitalaria⁷. Todas recibieron un contador de pasos; solo el grupo experimental sumó un sistema de apoyo social, con una persona de confianza que seguía su progreso.
El hallazgo fue elocuente: el efecto se concentró en quienes tenían una red social activa, que llegaron a caminar más de mil pasos diarios adicionales, mientras que en las personas más aisladas la intervención se diluía⁷.
No lo movió la tecnología; lo movió la compañía.
Por eso, cuando pauto ejercicio, la pregunta que más me importa ya no es «¿qué ejercicio harás?», sino «¿con quién lo harás?».
La dificultad para mantener el ejercicio rara vez es física.
En la mayoría de los casos tiene que ver con la falta de un entorno social que lo sostenga. Cuando entrenamos solos, dependemos exclusivamente de la disciplina individual.
Cuando entrenamos con otros o con el apoyo de alguien que sigue nuestro progreso, activamos mecanismos de responsabilidad y pertenencia que la voluntad sola no puede replicar.

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Preguntas frecuentes
¿Las terapias regenerativas sustituyen a la cirugía de rodilla?
No en todos los casos. En artrosis leve a moderada, pueden reducir el dolor y retrasar o evitar la necesidad de operar, pero la evidencia sobre el PRP es prometedora y a la vez estadísticamente frágil³⁴.
Cuando existe una artrosis muy avanzada e incapacitante, la cirugía sigue siendo la mejor opción, y no hay que demorarla por miedo.
¿El PRP regenera el cartílago?
El plasma rico en plaquetas actúa sobre todo reduciendo la inflamación y modulando el dolor. Hablar de «regenerar cartílago» es, hoy por hoy, ir por delante de lo que la ciencia puede sostener.
¿Puedo hacer ejercicio de fuerza si tengo artrosis o dolor articular?
Sí. Las guías internacionales lo consideran un tratamiento nuclear de la artrosis de rodilla¹, y la evidencia muestra que la fuerza mejora de forma sustancial incluso en personas mayores⁵⁶.
Conviene ajustar la intensidad y la técnica con un profesional, pero el miedo al movimiento suele hacer más daño que el movimiento bien adaptado.
¿Cuánto ejercicio necesito para notar beneficios?
Menos del que crees. El ACSM 2026 concluye que dos sesiones semanales de fuerza, trabajando los grandes grupos musculares, con recorrido completo y esfuerzo suficiente, ya producen mejoras reales⁶.
El formato —máquinas, bandas o peso corporal— es lo de menos; la constancia lo es todo.
¿Por qué no consigo mantener la rutina yo solo?
Porque la adherencia depende más del entorno que de la disciplina individual.
La evidencia sobre apoyo social muestra que quienes entrenan acompañados o con alguien que sigue su progreso mantienen mucho mejor el hábito⁷.
Buscar un grupo o un compañero no es un lujo: es parte del tratamiento.
«Mi trabajo no consiste en llevar rodillas al quirófano, sino en evitar los quirófanos que se pueden evitar. Antes de operar, casi siempre hay una ventana, y en esa ventana las terapias regenerativas y el ejercicio pueden devolverte algo que ninguna prótesis te garantiza: tu vida de antes. Pero solo funciona si lo sostienes. Por eso, si de verdad quieres cuidar tus articulaciones con criterio y con ciencia, te invito a suscribirte a mi newsletter: cada semana comparto lo que la evidencia dice de verdad, sin humo y sin milagros.»
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Referencias
- Bannuru RR, Osani MC, Vaysbrot EE, et al. OARSI guidelines for the non-surgical management of knee, hip, and polyarticular osteoarthritis. Osteoarthritis Cartilage. 2019;27(11):1578–1589. https://doi.org/10.1016/j.joca.2019.06.011
- Sihvonen R, Paavola M, Malmivaara A, et al.; Finnish Degenerative Meniscal Lesion Study (FIDELITY) Group. Arthroscopic partial meniscectomy versus sham surgery for a degenerative meniscal tear. N Engl J Med. 2013;369(26):2515–2524. https://doi.org/10.1056/NEJMoa1305189
- Tan J, Chen H, Zhao L, Huang W. Platelet-rich plasma versus hyaluronic acid in the treatment of knee osteoarthritis: a meta-analysis of 26 randomized controlled trials. Arthroscopy. 2021;37(1):309–325. https://doi.org/10.1016/j.arthro.2020.07.011
- Oeding JF, Varady NH, Fearington FW, et al. Platelet-rich plasma versus alternative injections for osteoarthritis of the knee: a systematic review and statistical fragility index-based meta-analysis of randomized controlled trials. Am J Sports Med. 2024;52(12):3147–3160. https://doi.org/10.1177/03635465231224463
- Borde R, Hortobágyi T, Granacher U. Dose–response relationships of resistance training in healthy old adults: a systematic review and meta-analysis. Sports Med. 2015;45(11):1693–1720. https://doi.org/10.1007/s40279-015-0385-9
- Currier BS, D’Souza AC, Fiatarone Singh MA, et al. American College of Sports Medicine Position Stand. Resistance training prescription for muscle function, hypertrophy, and physical performance in healthy adults: an overview of reviews. Med Sci Sports Exerc. 2026;58(4):851–872. https://doi.org/10.1249/MSS.0000000000003897
- Greysen SR, Changolkar S, Small DS, et al. Effect of behaviorally designed gamification with a social support partner to increase mobility after hospital discharge: a randomized clinical trial. JAMA Netw Open. 2021;4(3):e210952. https://doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2021.0952